
“El origen de las especies” de Charles Darwin, la obra maestra de la teoría de la evolución, no sólo cambió la manera en que nos percibirnos a nosotros mismos sino que marcó el comienzo de la biología moderna.
Muchos biólogos sin embargo confiesan no haberlo leído nunca. ¿Tendrá este libro algo nuevo que decirle a un lector moderno o tiene sólo un interés histórico? ¿Es necesario haber leído “El origen de las especies” para tener una carrera exitosa en biología?
Si bien muchos de los pasajes en el libro son claros y de una belleza literaria, otros son confusos y oscuros, particularmente los que se refieren a temas que no se comprendían bien para aquél momento, como lo que llamamos ahora “genética”.
Darwin sabía que heredamos rasgos de nuestros padres pero no conocía cómo o de dónde surgía la variación genética. Eso sin embargo no era problema para explicar la selección natural basada en estas tres condiciones: 1) algunas de las diferencias entre individuos son heredadas, no se deben a factores del medio ambiente; 2) nacen más individuos de los que pueden sobrevivir; y 3) parte de la razón de que estos individuos sobrevivan se debe a los rasgos heredados de sus padres.
A pesar de los pasajes que puedan parecer difíciles o confusos de entender, el libro está lleno de ideas geniales muy modernas para su época, como por ejemplo la tesis de que los instintos, al igual que los rasgos físicos, evolucionan también a través de la selección natural; o sus descripciones de la manera en que la selección natural funciona; o el afirmar que el mayor problema que tienen que enfrentar los seres vivos no proviene del medio físico sino de otros organismos.
Hay muchas razones para leer “El origen de las especies” pero quizás la más importante, como sostiene Olivia Judson,
es que este libro representa una ventana a una mente rica y fértil, con una comprensión holística de la naturaleza. Una mente que entiende la interconexión que existe entre los seres vivos – que los gatos pueden alterar el número de flores – mucho antes de que la ecología apareciera como objeto de estudio. Una mente que percibe la influencia brutal del mundo natural – las avispas que ponen sus huevos en los cuerpos vivientes de las orugas (las orugas que son comidas vivas por las larvas); el increíble índice de mortalidad de la mayoría de las criaturas – y observar cómo, de esta terrible carnicería, puede todavía surgir algo bello”
Fuente: “An Original Confesion”
Por Olivia Judson. New York Times. Julio 8, 2008