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Archive for the ‘Cuerpo’ Category

 

Hemisferios cerebrales y orientación sexualDependiendo del predominio de los hemisferios cerebrales un individuo tenderá a ser homosexual o heterosexual. Y si es cierto que podemos desarrollar un hemisferio más que otro ¿cambiaría esto nuestra orientación sexual?

De acuerdo con James Olson autor del libro “The Whole-Brain Path to Peace existe una correlación directa entre el predominio de los hemisferios cerebrales y la orientación sexual. Es claro que existen otras influencias en el comportamiento y la atracción sexual, desde factores genéticos y hormonales hasta influencias del ambiente, sin embargo, el cerebro juega un papel fundamental en la sexualidad.

La división del cerebro en dos hemisferios distintos conlleva dos maneras distintas de aproximarse al mundo. El hemisferio izquierdo es más racional y lógico. El hemisferio derecho más intuitivo y holístico. Ambos contribuyen a nuestro modo de comprender lo que nos rodea. Generalmente el hemisferio izquierdo predomina en los hombres mientras que en la mujeres predomina el derecho.

Pero hay excepciones importantes, afirma Olson, particularmente en las personas homosexuales. Mi investigación sugiere que en estas personas el predominio de los hemisferios cerebrales es el inverso a la de los heterosexuales del mismo sexo. Hombres homosexuales, al igual que las mujeres heterosexuales muestran un predominio del hemisferio derecho mientras que en las mujeres homosexuales, tal como en los hombres heterosexuales predomina el hemisferio izquierdo. Obviamente existen distintos grados de predominio cerebral, de la misma manera que existe una amplia gama en la sexualidad.

Lo interesante en esto sostiene Olson, es que cuando se da una alteración en el predominio de los hemisferios cerebrales experimentamos un cambio de perspectiva a todo nivel y con esto un cambio también en la orientación sexual, independientemente del sexo del individuo.

Más allá del problema de la orientación sexual el libro de Olson quiere hacer énfasis en que el predominio de los hemisferios cerebrales influye sobre nuestras creencias en general, nuestra manera de percibir el mundo, sean nuestras simpatías políticas, nuestra sexualidad o la manera en que encaramos los distintos problemas sociales. Una perspectiva más holística, un modelo de cerebro más integrado y global nos permitiría resolver muchos de nuestros conflictos y alcanzar un mejor balance. Para Olson finalmente, es posible ajustar nuestra percepción y creatividad cambiando nuestro cerebro.

Foto: vaxzine

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Existen dos tipos de personas: los que piensan y los que actuanExisten dos tipos de personas: los que piensan y los que actúan. Los primeros aprecian la actividad intelectual, el pensar por el pensar, les gusta sumergirse en las profundidades de la mente, en el análisis y la búsqueda de respuestas, se regocijan en los vaivenes de la imaginación y de lo posible. En general podría decirse que son metódicos, ponderados, precavidos antes que nada. Algunos dirían que son simplemente cobardes o en el mejor de los casos, perezosos. Los segundos, interesados en la acción, no pierden mucho tiempo en la reflexión, en la deliberación. Sabemos que tomar una decisión no es tarea fácil pero para el hombre de acción el actuar no es más que la consecuencia lógica de un proceso intelectual: se piensa, se decide y luego, como es natural, se pone en práctica la decisión tomada. El pensar aquí es un pensar productivo, orientado a la acción, a lo concreto. Se quiere y se desea un resultado, procurar una forma, delimitar, hacer la idea cuerpo, plasmarla en la realidad. El actuar como concreción del pensar, como expresión palpable del pensamiento.

El actuar es un pensar comprometido. El que piensa en cambio no se arriesga, no toma partido, que es a final de cuentas como estar muerto. Es fácil quedarse en el pensamiento. En la mente todo está abierto, es el mundo de las posibilidades, de lo que “podría” ser. La persona de acción en cambio sabe que tiene que hacer sacrificios y los asume, sabe que “ésta” decisión deja afuera todas las demás, que “ésta” alternativa deja de lado – para siempre – todas las otras posibilidades. Si el hombre de acción es audaz, emprendedor, el “pensador” no se atreve, duda, es inseguro y tiende a la inercia. No se da cuenta de que toda decisión se toma en incertidumbre.

Si el pensar es pasado o futuro el actuar es presente puro. El hombre de acción está ocupado en el presente. El que piensa en cambio está amarrado al pasado – lo que pude haber hecho y no hice, lo que pude haber sido y no fui – , o en el futuro – ¿y si sucede esto o lo otro?, ¿y si las cosas no salen como espero? De cualquier manera tiene un pie aquí y uno allá.

Si el pensar es mente, el actuar es cuerpo, si el pensar es psique el actuar es soma. Winnicott decía que el pensar exacerbado no es más que el intento de la mente de llenar un vacío, de alimentar una falta, de sustituir, en otras palabras, al cuerpo que no es otra cosa que la afectividad y las emociones.

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La Universidad de Southampton está lanzando esta semana el estudio más importante jamás llevado a cabo sobre experiencias cercanas a la muerte. 

El estudio, llamado AWARE (Awareness during REsuscitation) (Conciencia durante la resucitación) es promovido por el Human Consciousness Project de la Universidad de Southampton, un equipo de científicos y médicos  internacionales que han decidido unir fuerzas para estudiar el cerebro humano, la conciencia y la muerte clínica. 

El director del estudio es el Dr. Sam Parnia, un experto en el campo de la investigación de la conciencia durante la muerte clínica y autor del libro What Happens When We Die. Luego del éxito que tuvo el proyecto piloto de 18 meses en hospitales seleccionados del Reino Unido, el estudio se está expandiendo actualmente para incluir otros centros del Reino Unido así como Europa y los EEUU. 

Contrario a la opinión popular la muerte no constituye un momento específico. Es un proceso que comienza cuando el corazón deja de latir, los pulmones dejan de trabajar y el cerebro deja de funcionar, lo que constituye una condición médica que se conoce como paro cardíaco, el cual desde el punto de vista biológico es sinónimo del fenómeno de la muerte clínica. 

Durante un paro cardíaco los 3 criterios de muerte están presentes. Luego sigue un período de tiempo que puede durar de unos segundos a una hora o más en el que los esfuerzos de la emergencia médica pueden tener éxito en poner a funcionar de nuevo el corazón y reversar la muerte. Lo que la gente experimenta durante este período de paro cardíaco abre una ventana a la comprensión de lo que todos experimentaremos al momento de morir. 

Un importante número de estudios recientes llevados a cabo por investigadores independientes han demostrado que del 10 al 20 por ciento de personas que tienen paro cardíaco y muerte clínica reportan procesos cognitivos lúcidos y bien estructurados, razonamientos lógicos y coherentes, memoria y algunas veces un recuerdo detallado de los eventos que experimentan durante su encuentro con la muerte. 

Para el estudio AWARE los investigadores utilizarán tecnología sofisticada para estudiar el cerebro y la conciencia en el paro cardíaco. Al mismo tiempo estudiarán la validez de los reportes de experiencias fuera del cuerpo y los reportes existentes sobre la posibilidad de “ver” y “oír” durante el paro cardíaco. 

El estudio AWARE será complementado con el estudio del BRAIN-1 (Brain Resuscitation Advancement Internacional Network -1)  en el que el equipo investigador conducirá una serie de tests psicológicos así como técnicas de monitoreo cerebral dispuestas a identificar métodos para perfeccionar el cuidado físico y psicológico de pacientes que han sufrido un paro cardíaco

El Dr. Parnia anunciará formalmente el lanzamiento del estudio AWARE en el simposium internacional que se llevará a cabo en la Naciones Unidas el 11 de Septiembre (hoy) 

Foto theglobalintelligencer

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Usted probablemente piense que está haciendo todo lo que debe hacer para mantenerse saludable: duerme lo suficiente, hace ejercicio regularmente y trata de evitar las comidas grasosas. Sin embargo, puede estar olvidándose de algo muy importante: Relájese! El estrés tiene un impacto mayor sobre su salud de lo que usted se imagina, de acuerdo con una investigación presentada en la conferencia anual de la American Psychological Association en Boston.

 

La psicóloga Janice Kiecolt-Glaser de Ohio State University y su socio, Ronald Glaser, inmunólogo, han dedicado más de 20 años a investigar cómo el estrés afecta el sistema inmunológico. Sus estudios con “cuidadores”, por ejemplo, personas que se han ocupado de atender a esposos o padres crónicamente enfermos, les ha brindado resultados importantes. En un experimento Kiecolt-Glaser y sus colegas le administraron vacunas de la gripe a estas personas y a sujetos de control y compararon el número de anticuerpos – proteínas involucradas en las reacciones inmunológicas – producidos en ambos grupos. Sólo un 38 por ciento de los cuidadores produjeron lo que es considerado una respuesta adecuada de anticuerpos comparada con 66 por ciento de los sujetos más relajados sugiriendo esto que el sistema inmunológico de los cuidadores no estaba funcionado correctamente, además de que el estrés sitúa a estas personas en un riesgo mayor de infección.

 

Si el estrés afecta la respuesta inmunológica este debería afectar igualmente la capacidad del cuerpo de sanarse a sí mismo. En otro estudio Kiecolt-Glaser y sus colegas le causaron unas pequeñas heridas a un grupo de cuidadores con una especie de bisturí usan los dermatólogos para hacer biopsias. Estas heridas tardaron 24 por ciento más de tiempo en sanar que las heridas que le inflingieron a los no-cuidadores.

 

Pero, ¿qué sucede si el cuidar a otros no es una manera adecuada de evaluar el estrés? Para explorar otras situaciones estresantes Kiecolt-Glaser y sus colegas hicieron otro experimento en el que le causaban pequeñas lesiones en la boca a 11 estudiantes de odontología en dos momentos distintos en el tiempo. Una vez durante las vacaciones de verano cuando debían estar normalmente relajados y otra vez durante los días anteriores a un examen difícil. Las lesiones hechas antes del examen tomaron entre 2 a 8 días en sanar más que las heridas hechas en el verano. Para algunos sujetos las heridas de los exámenes tomaron casi el doble de tiempo en sanar.

 

Puede parecer contraintuitivo pero Kiecolt-Glaser creen que el estrés hace al sistema inmunológico menos efectivo porque provoca una respuesta inmunológica por sí mismo. El estrés, sostiene Kiecolt, hace que el cuerpo libere citokinas pro-inflamatorias, factores inmunológicos que inician respuestas contra las infecciones. Cuando el cuerpo produce estas citokinas por períodos largos de tiempo, por ejemplo, como resultado a un estrés crónico, puede traer consecuencias negativas para el cuerpo. No sólo que entorpece la habilidad de nuestro cuerpo ara luchar contra las infecciones y sanar las heridas, sino que la inflamación crónica también aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas, osteoporosis, y diabetes tipo 2.

 

Más aún, debido a la respuesta inmunológica crónica que causa el estrés normal este puede incrementar el riesgo a alergias que ocurren cuando el cuerpo produce una respuesta inmunológica contra algo que no es realmente peligroso como el polen. En su estudio más reciente anunciado ayer Kiecolt-Glaser encontró que cuando las personas se encuentran bajo mucho estrés en momentos determinados, por ejemplo cuando tienen que dar un discurso o responder a un problema difícil de matemática, sus alergias empeoran en el transcurso del día siguiente a estas actividades.

 

Este artículo puede que haya logrado en usted justamente el efecto contrario: preocuparse acerca de cómo el estrés puede afectarlo es definitivamente estresante, pero respire profundo. Si usted me pregunta a mí aprender algunas técnicas de relajación me suena como más atractivo que muchas otras alternativas para prevenir enfermedades. Adelante, y bote ese aceite de hígado de bacalao. De hecho, la próxima vez que se sienta culpable al disfrutar de un plácido domingo o tomarse un día libre del trabajo porque le provoque, piénselo otra vez. Su cuerpo se lo agradecerá.

 

Fuente: Scientific American

 

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Estudios recientemente publicados han demostrado que una dieta balanceada y el ejercicio regular protegen al cerebro de posibles desórdenes mentales. Los atletas y las personas que hacen ejercicio regularmente no sólo tienen mejores cuerpos, tienen también mejores cerebros: aprenden más rápido, tienen mejor memoria, piensan más claramente y se recuperan más fácilmente de lesiones cerebrales como los accidentes cerebro vasculares. De la misma manera, son menos propensos a la depresión y a la pérdida de facultades cognitivas relacionadas con la edad.

Para Fernando Gómez-Pinilla de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), el ejercicio, así como el hambre, son estresores para el cuerpo, y esto, afirma, puede ser beneficioso. El ejercicio aeróbico, en cuanto implica el consumo rápido de calorías representa una amenaza para las reservas de energía del cuerpo. Frente a esta amenaza el cuerpo actúa para proteger uno de sus más preciados órganos: el cerebro.

A diferencia de las células de otros órganos vitales del cuerpo las neuronas son extremadamente vulnerables a las interrupciones en el flujo de energía. Si la energía falta por más de un minuto la neurona muere. Toda la fisiología del cuerpo está diseñada para proteger al cerebro, sostiene Gómez-Pinilla. 

Al actuar como un estresor moderado el ejercicio es capaz de generar muchos de los beneficios asociados a la restricción calórica, al mismo tiempo que liberan “factores de crecimiento”, afirma Carl Cotman, director del Institute for Brain Aging and Dementia de la Universidad de California en Irvine. El ejercicio no sólo protege al cerebro, también mejora las funciones cerebrales.

Pero ¿cuál es el mecanismo por el que el ejercicio contribuye al mejoramiento de las capacidades cerebrales?

Nuestro cuerpo le está enviando constantemente a nuestro cerebro una actualización de la posición de nuestros miembros aún si estamos sentados o acostados. Cuando nos paramos o comenzamos a caminar estos mensajes eléctricos necesitan ser enviados más frecuentemente: la rodilla está doblada, ahora está derecha, doblada, derecha, etc.. Al movernos más rápidamente la actividad eléctrica no tiene tiempo de descansar entre un mensaje. Comienza por lo tanto a acumularse en el cerebro y eventualmente desencadena la liberación de sustancias químicas que se denominan “factores de crecimiento”.

Los factores de crecimiento son como maná para las neuronas. Ellos hacen que las neuronas sean más fuertes, más saludables y favorecen su capacidad de aprendizaje. En la presencia de estos factores de crecimiento nuevas neuronas nacen y las más viejas  crecen y forman mejores conexiones unas con otras. Los vasos sanguíneos adyacentes a las neuronas florecen dándoles más acceso a la glucosa y a otros nutrientes. Todo esto, a su vez, sostiene Cotman, mejora nuestra habilidad para pensar, aprender y recordar, incrementando así nuestras capacidades cognitivas. El hacer ejercicio forma parte de los hábitos más importantes para desarrollar nuestro cerebro.

La pregunta es cuánto ejercicio necesitamos para lograr estos beneficios. La buena noticia es que no necesitamos mucho. Ejercitarnos un día de por medio es tan beneficioso como el ejercicio diario, siempre y cuando lo hagamos por espacio de media hora continua. El levantar pesas por otro lado, es decir el ejercicio anaeróbico, no es tan relevante para el cerebro como el entrenamiento aeróbico. 

Fuente: livescience

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