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Archive for the ‘Salud’ Category

El posible aumento de las temperaturas y las lluvias en el planeta le servirán a virus, bacterias, parásitos, mosquitos y garrapatas para afectar cada vez a más gente. Ya la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN es su sigla en inglés) difundió una lista con la “docena mortal” de organismos patógenos que dañarían tanto la salud de humanos y de animales como la economía mundial.

En la lista figuran desde la tuberculosis o las mareas rojas hasta otras menos conocidas como la enfermedad del sueño. “La mejor defensa es una buena ofensiva: monitorear la vida silvestre para detectar cómo estas enfermedades se desarrollan para que los profesionales médicos puedan prepararse para mitigar el impacto”, escribieron los autores del informe.

Fiebre del Valle Rift

Se trata de una enfermedad causada por un virus que se identificó por vez primera en 1931 en una granja del Valle de Rift, en Kenia. Se transmite al humano por el contacto con sangre u órganos de animales infectados o por mosquitos. En 2000 se confirmaron fuera del continente africano (en Arabia Saudita y Yemen), y se teme su propagación hacia otras zonas de Asia y a Europa.

Tuberculosis

Afecta a 10 millones de personas en el mundo. También a animales como los leones y búfalos del Parque Nacional Kruger, en Sudáfrica. El cambio climático podría favorecer el contacto entre el ganado y los animales salvajes. Como consecuencia, aumentaría la tuberculosis.

Enfermedad del sueño

La causa un parásito que es pariente del que produce la enfermedad de Chagas. Se trata de un mal que afecta más a zonas del Africa subsahariana. Por el cambio del clima, podría modificarse la distribución de la mosca tsé-tsé, que es la que transmite el parásito.

Mareas rojas

Estas excesivas proliferaciones de microalgas en los estuarios o el mar generan toxinas que son peligrosas para los animales marinos y para los seres humanos. “Las variaciones de temperatura tendrán, sin duda, un impacto, de momento impredecible, en este fenómeno de la naturaleza”, aseguró el informe de la UICN, que se dio a conocer en Barcelona.

Fiebre amarilla

Hubo un brote el verano pasado en el noreste de la Argentina. También afectó a Paraguay y Brasil. Hubo varias muertes. Esta fiebre es transmitida por mosquitos, que también enferman a los monos. Las poblaciones de mosquitos podrían crecer por el aumento de las temperaturas.

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Una persona va al psiquiatra y le cuenta que no se ha estado sintiendo bien desde hace unas semanas. Dice que su novia lo ha dejado por otro hombre. Se queja de que no está durmiendo bien, no está comiendo y ha perdido interés en todas sus actividades normales. ¿Debe el doctor diagnosticar este caso como depresión clínica? ¿O no es más que una consecuencia natural de las tribulaciones normales de la vida, aquellas situaciones que se nos presentan de vez en cuando que nos hacen sufrir y pasar un mal rato?

 

Esta es una de las críticas que se le hacen a la psiquiatría cuando pretende “medicar” la tristeza y en general muchas de las emociones que son respuestas naturales y lógicas a lo que constituye el vivir mismo. ¿No es acaso normal sentirse deprimido si tu novia o esposa te deja por otro o te despiden de tu trabajo?

 

Estos críticos afirman que la depresión ha alcanzado proporciones de epidemia por lo que habría que cuestionarse cómo los psiquiatras están diagnosticando estos problemas. Sostienen que por muchos años los síntomas de la tristeza que tenían una causa se separaban de aquellos que no tenían causa aparente. Era a estos que se les llamaba “desórdenes mentales” y se les trataba como tales.

 

En la psiquiatría moderna – como también por cierto sucede con el resto de la medicina hoy en día – los doctores se concentran en los síntomas sin tomar en cuenta el contexto de las quejas de los pacientes. Si observan pérdida de apetito, insomnio, desesperanza o baja energía automáticamente diagnostican un cuadro de depresión clínica. El criterio corriente actualmente para una depresión importante no distingue entre reacciones “anormales” causadas por “disfunciones internas” y una “tristeza normal” causada por circunstancias externas. En esto como es lógico influyen los intereses de los doctores, compañías farmacéuticas e investigadores.

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Oficiales de la salud de EEUU han cancelado los planes para la investigación de un tratamiento controversial que algunos activistas del autismo han promovido como terapia alternativa para los niños con esa condición.

El Instituto Nacional de Salud Mental, (National Institute of Mental Health, con siglas NIMH) división del National Institutes of Health (NIH) de EEUU dijo en unas declaraciones este miércoles que ha sido cancelado un estudio dirigido a investigar la efectividad de un tratamiento llamado “chelation. Chelation es un tipo de terapia en el que un aminoácido artificial llamado EDTA se le añade a la sangre para eliminar los efectos del envenenamiento por metal. 

Algunos defensores de esta terapia han defendido la tesis – rechazada por muchos científicos – que la causa del autismo se debe a la exposición al mercurio que se encuentra en varios tipos de vacunas que los niños reciben.

Numerosos estudios y expertos en el campo han cuestionado la noción de que el mercurio que se utiliza para preservar las vacunas causen autismo pero algunos padres de niños autistas creen firmemente lo contrario.

Desde el 2001, con la excepción de algunas vacunas contra la influenza, el mercurio se ha dejado de incluir en las vacunas infantiles, de acuerdo al Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (Center for Disease Control and Prevention).

El NIMH considera que los recursos dirigidos a este estudio pueden destinarse a probar otros tipos de terapias para el autismo. En Febrero del 2007 el NIH revisó el riesgo-beneficio de esta investigación. El comité determinó que no existía evidencia suficiente del beneficio a los niños que participarían en las pruebas de “chelation” y que este estudio presentaba cierto tipo de riesgos.

El instituto dijo que la única manera de que se siga adelante con este proyecto es si el gobierno aprueba nuevamente dicha investigación lo cual todavía no se ha dado.

Fuente: Reuters

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Parece ahora entonces que nuestros genes no tienen la última palabra. Aquellas personas que poseen genes asociados a la obesidad no tienen más propensión a engordar que los que carecen de esta carga genética “siempre y cuando” realicen algún tipo de actividad física por lo menos por 3 horas al día (la actividad física aquí se refiere tanto a deportes y ejercicios dirigidos como a caminar rápidamente, limpiar la casa, hacer el jardín).  

Estos resultados fueron publicados en el Archives of Internal Medicine. La actividad física contrarresta los efectos de los genes de la obesidad al igual que la de otros genes, afirmó Soren Snitker co-autor del estudio. La variante del gen FTO normalmente no incrementa la probabilidad de ser obeso mientras uno mantenga una vida físicamente activa, su efecto en cambio se dispara con las dietas de alto contenido de grasas, la inactividad y otros factores ambientales. 

Para el estudio se monitoreó la actividad física de 704 cuáqueros (Amish) en los EEUU. Mientras que para la población normal el tener la variación del FTO gen puede aumentar de 26 a 31% la probabilidad de engordar para los Amish que mantienen una alta actividad física diaria el tener este gen sólo añade 3.9 a 7.7 libras de peso.

Los beneficios del ejercicio están más que comprobados no sólo a nivel físico sino también mental. Estudios recientes por ejemplo han demostrado la relación que existe entre la obesidad y el cáncer. De la misma manera se ha comprobado que el ejercicio regular promueve la formación de nuevas células nerviosas en el cerebro haciendonos así “más inteligentes”.

Fuente: Scientific American

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Según un estudio publicado esta semana en el British Journal of Cancer se ha demostrado que el riesgo de desarrollar cáncer se incrementa con cada libra de aumento de peso. Las personas por el contrario que pierden peso pueden reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad.

 

Ed Young director del Cancer Research de Gran Bretaña afirmó:

 

La mayoría de la gente asocia la obesidad con condiciones como diabetes y problemas cardíacos y no se dan cuenta de la relación que existe entre el peso corporal y el cáncer. Este es un tema que ha recibido mucha atención últimamente. Mantener un peso saludable es una de las cosas más importantes que uno puede hacer, – después de dejar de fumar -, para prevenir el cáncer. 

Si usted se fija en los distintos tipos de cáncer que reporta esta investigación usted podrá ver que incluye los más comunes como son el cáncer de seno y colon y algunos que tienen una tasa muy baja de sobrevivencia como el cáncer del páncreas y el esófago. De manera tal que el peso corporal tiene un impacto fundamental sobre los tipos de cáncer que son comunes como también sobre aquellos que son difíciles de tratar.

En el estudio llevado a cabo por la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington los científicos analizaron la data proveniente de distintas partes del mundo sobre la obesidad y el aumento y pérdida de peso en relación con el cáncer del seno, páncreas, riñones, colon, próstata, esófago y endometrio. 

Encontraron que el cáncer que está más claramente asociado al  aumento de peso es el cáncer de seno en mujeres posmenopáusicas. El riesgo de contraer la enfermedad se incrementa 5 % por cada 5 kilogramos de aumento de peso. El estudio encontró que el aumento de peso en la edad adulta constituye casi la cuarta parte de los casos de cáncer de seno en mujeres mayores. Cerca de 45.000 casos de cáncer de seno son diagnosticados cada año en Gran Bretaña, 80% de los cuales afectan a mujeres por encima de los 50 años. Por otro lado, mujeres que han perdido peso tienen un riesgo significativamente menor de contraer la enfermedad. Los investigadores creen que la causa de esto se debe a que la pérdida de peso disminuye los niveles de estrógeno.

La investigación del cáncer de colon por otra parte encontró que los hombres que aumentan 6 kilos o más corren doble riesgo de contraer la enfermedad que los hombres que han perdido 2 o más kilos. Aquellos que ganaron 21 kilos o más después de los 20 años tienen 60% más riesgo de contraer la enfermedad que aquellos que ganaron menos de 5 kilogramos. Normalmente se diagnostican en el Reino Unido 36.000 casos de cáncer de colon al año. Los científicos sospechan que la pérdida de peso y el aumento de actividad reducen los niveles de insulina, lo que puede ayudar a prevenir el desarrollo del cáncer.

El estudio en cuestión reportó igualmente la relación que existe entre el cáncer y el incremento del índice de masa corporal (BMI), que es la medida de la obesidad que se calcula al dividir el peso en kilogramos de un individuo entre su altura en metros.

Un aumento del BMI en un punto a partir de los 20 años aumenta un 14 por ciento el riesgo de contraer cáncer de esófago, enfermedad que se le diagnostica aproximadamente a 7.500 ingleses por año. Aquellos con un aumento de BMI de más de 8 puntos corren el triple riesgo de contraer la enfermedad.

De la misma manera, una persona cuyo BMI aumenta en 5 tiene 14 por ciento más de riesgo de enfermarse de cáncer del páncreas, 31 por ciento más riesgo de contraer cáncer de los riñones y, entre las mujeres, un 52 por ciento de aumento de riesgo en cáncer del endometrio.

La relación entre el cáncer de próstata y la obesidad fue menos claras sin embargo los hombres que aumentaron más del 10 por ciento de su peso con un BMI mayor de 24.4 tienen el doble de riesgo de desarrollar cáncer de próstata que los hombres con un BMI más bajo.

Cada vez como vemos hay más pruebas que confirman que la obesidad no sólo está asociada a la diabetes y a los problemas cardiovasculares sino también al cáncer por lo que ahora más que nunca se requiere que controlemos nuestro peso y mantengamos un régimen de actividad y ejercicio adecuado.

Fuente: Telegraph.co.uk

Foto oaspetele_de_piatra

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Un estudio publicado hoy de la Universidad de Emory sugiere que la práctica regular de la meditación reduce los pensamientos recurrentes y obsesivos que se dan en muchos trastornos psicológicos como el déficit de atención, hiperactividad, ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y depresión.

 

Giuseppe Pagnoni, profesor asistente de psiquiatría y ciencias del comportamiento de la Universidad de Emory y colaboradores escogieron a dos grupos de sujetos, un grupo de meditadores experimentados con más de 3 años de práctica diaria de meditación, y otro grupo sin ninguna experiencia previa en meditación. El estudio consistió en someter a ambos grupos a pruebas de resonancia magnética funcional (fMRI) mientras meditaban con el objeto de examinar los cambios en el flujo sanguíneo del cerebro cuando los sujetos eran interrumpidos por un estímulo que imita la aparición de pensamientos espontáneos.

 

Mientras sus cerebros estaban siendo escaneados se les pidió a los sujetos que se concentraran en su respiración. Cada cierto tiempo se les solicitaba a los sujetos que distinguieran una palabra real de una palabra sin sentido escritas en la pantalla de una computadora y luego se les pedía que abandonaran esta tarea y se enfocaran de nuevo en su respiración. El estudio mostró que los meditadores experimentados regresaron más rápido a su estado mental anterior a la interrupción.

 

Los científicos encontraron que las diferencias entre la actividad cerebral de los meditadores experimentados y los novatos después de la interrupción se ven reflejadas en áreas del cerebro que se activan normalmente con la ocurrencia de pensamientos espontáneos y cuando la mente se distrae o se pone a divagar durante las horas en que uno está despierto.

 

Luego de la interrupción los meditadores experimentados fueron capaces de volver más rápidamente que los novatos al estado previo antes de la interrupción, lo que sugiere que la práctica regular de la meditación puede mejorar la capacidad de limitar los pensamientos recurrentes y obsesivos que acompañan a muchos trastornos psicológicos.  

 

Foto ibreath-in

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Investigaciones recientes han demostrado que el estrés y la depresión afectan la formación de nuevas células nerviosas en el cerebro, proceso conocido como “neurogénesis”, y que este efecto inhibitorio puede contrarrestarse a través de tratamiento antidepresivo. Este artículo acaba de ser presentado en el XXI European College of Neuropsychopharmacology (ECNP) en Barcelona, España. 

El cerebro es el órgano clave en la respuesta al estrés, que reacciona de un modo complejo y orquestado, en consonancia con la activación e inhibición de las estructuras neurales que participan en los procesos sensoriales, motores, autonómicos, cognitivos y emocionales. Es el cerebro el que determina finalmente qué aspectos del mundo que nos rodea nos resultan amenazantes (pudiendo crear estrés) y el que regula las respuestas al estrés, las cuales pueden ser adaptativas o maladaptativas. El estrés crónico puede producir afectación cerebral que desencadene depresión. Entre los factores más poderosos que conducen a la depresión se encuentran los de estrés ambiental (ej. las situaciones laborales y familiares, las relaciones con los vecinos) y, muy especialmente, los acontecimientos estresantes en la vida de la persona, como el trauma o el abuso. Dado que el desarrollo de nuevos enfoques en el tratamiento de la depresión debe partir de un mejor conocimiento neurobiológico de esta patología y obtener información sobre los cambios celulares que tienen lugar a nivel cerebral.

La depresión: una carga creciente para la sanidad pública

La depresión es un trastorno crónico, recurrente, multifactorial, que pone en riesgo la vida del sujeto y que está representada por una serie de síntomas psicológicos, neuroendocrinos, fisiológicos y del comportamiento. La cronicidad y la frecuencia de estos síntomas determinan las características de la patología. Los trastornos depresivos afectan a hasta un 20% de las personas en algún momento de su vida. En atención primera, se estima que entre un 20% y un 50% de pacientes sufren de depresión pero a menudo no se diagnostica correctamente (Wittchen, 2000).

Los trastornos depresivos se encuentran entre las enfermedades de mayor prevalencia del mundo y originan problemas socioeconómicos y de salud publica considerables (OMS, 2001). Los enormes costes que ocasiona la depresión representan aproximadamente el 1% del producto interior bruto europeo (aproximadamente 100 mil millones de Euros). La depresión afecta a más de 120 millones de personas de todo el mundo y todo indica que irá en aumento para convertirse, en el año 2015, en una de las principales causas de discapacidad, únicamente por detrás de la enfermedad cardiovascular.

Cambios cerebrales desencadenados por el estrés y la depresión

Las zonas cerebrales más afectadas por las alteraciones asociadas a la depresión son la corteza prefrontal, la amígdala y el hipocampo, zonas que juegan un papel crucial en las emociones, la memoria y el aprendizaje. Los cambios estructurales y funcionales que tienen lugar como consecuencia del estrés y/o una depresión grave son la reducción en volumen, tamaño neuronal y densidad, junto con alteraciones en el flujo sanguíneo cerebral y el metabolismo de la glucosa. Asimismo, se ha registrado una menor densidad de las células gliales de soporte, consideradas fundamentales en la comunicación entre las células nerviosas, lo cual es especialmente relevante en la disminución del volumen de la corteza prefrontal y del hipocampo y que podría explicar algunos de los cambios emocionales que se observan en sujetos con depresión.

Neurogénesis en el cerebro adulto

La “hipótesis del estrés”, utilizada para explicar los trastornos afectivos, ha propiciado el desarrollo de modelos animales para estudiar la depresión. En general, hoy en día se considera que los modelos preclínicos tienen un valor incalculable para su aplicación en la investigación sobre la psicopatología humana y, por tanto, son de especial interés en el estudio de la fisiopatología de la depresión y las respuestas específicas a tratamientos con fármacos antidepresivos. El descubrimiento de que el sistema nervioso adulto es capaz de reemplazar sus células ha suscitado un considerable interés en la comunidad científica. Hasta ahora se pensaba que las redes neuronales en adultos eran fijas e inmutables y que carecían de la capacidad de regenerarse. Esta aseveración la pronunció el famoso neurocientífico español Santiago Ramón y Cajal quien postuló que “todo puede morir, nada puede regenerarse” (Cajal, 1928). La investigación actual ha superado esta visión, al demostrar que la formación de nuevas células nerviosas (=neurogénesis) también se produce en el cerebro adulto. La neurogénesis puede verse modificada por la influencia de moduladores positivos tales como el aprendizaje, el ejercicio físico y la influencia hormonal y también de moduladores negativos como el estrés agudo y crónico.

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