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Archive for the ‘Egoísmo’ Category

10 características del jefe psicópataHay psicópatas por todas partes. Tu jefe puede ser uno de ellos. ¿Existen maneras de determinar si lo es?

Las características de la personalidad del psicópata pueden ser muchas: manipulador, persuasivo, carismático, egocéntrico, impulsivo y sobre todo la ausencia de conciencia y empatía. Pero no necesariamente todas estas características tienen que estar presentes ni en los mismos grados. Además que vale recalcar que un psicópata no es necesariamente un asesino en serie. Así que si tu jefe llena estas características no te asustes pero quizás sea buena idea que empieces a pensar en cambiar de jefe o de trabajo!

1. Manipulación emocional

Los psicópatas son camaleones sociales. Pueden modificar su actitud y comportamiento en menos de un segundo si piensan que pueden beneficiarse con ello. Una de sus armas favoritas es el buscar las simpatías y la comprensión de los otros.

No se equivoquen: Los psicópatas son personas seguras de sí mismas, extrovertidos y fuertes, nunca sienten lástima de sí mismos, sin embargo son expertos manipuladores y no tienen empacho en jugar con nuestros afectos y emociones si ello les conviene. Son expertos en provocar sentimientos de compasión en los otros.

Señal de alarma: El mostrarse tratado injustamente, en desventaja y apelar al apoyo y la comprensión de los otros es una de las marcas de fábrica del psicópata, tanto en el ambiente corporativo como en la vida diaria.

2. Controlador obsesivo

Los jefes psicópatas son como jugadores de ajedrez que perciben a sus empleados como meras piezas de un tablero psicológico invisible: desechables, prescindibles y redundantes.

A los psicópatas les encanta zarandear a la gente a su antojo solo por el placer que les causa. Cambios innecesarios en el área de trabajo, horas de trabajo fuera de las normales, la promesa de algún beneficio adicional por sacarle los trapitos sucios a un colega, son solo algunos de los manejos favoritos de los jefes psicópatas.

Señal de alarma: Si no dejas de rascarte la cabeza intentando comprender las razones detrás de las demandas de tu jefe no busques mas, la respuesta puede ser mas sencilla de lo que supones.

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Ya lo decía Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII: “Homo homini lupus est”, que traducido del latín significa, “el hombre es el lobo del hombre”. El hombre es egoísta por naturaleza. Su principal objetivo es satisfacer sus propias necesidades incluso pasando por encima de los intereses de los demás. Para Hobbes el “estado de naturaleza” es de una guerra de “todos contra todos” en la que el individuo vela por su propia auto-conservación dependiendo para su seguridad de su propia fuerza e ingenio. La vida en este estado es brutal y breve. Es así que el hombre se da cuenta de que no puede vivir en un estado de guerra permanente y acepta someterse a un poder superior que se encargará de regir a la sociedad a través de unas leyes. Nace de esta manera el contrato social. La razón sin embargo según Hobbes, por la que el hombre decide asumir ese contrato social y respetar la vida y propiedad ajena no es para nada altruista. Lo que priva es la necesidad de proteger su vida y sus intereses. 

 

Ayn Rand, escritora y filósofa americana de origen ruso, es expresión de esta tesis Hobbesiana. Proponía una ética del egoísmo, una postura individualista en que cada individuo debe mirar por sus propios intereses sin sacrificarse por los demás ni exigir que los otros se sacrifiquen por él. Paseando por internet hoy encontré esta cita que expresa claramente su defensa del egoísmo:

 

En el uso popular, la palabra “egoísmo” implica algo malo; conjura la imagen de alguien que busca su propia gratificación a costa del mal infligido a otros. Sin embargo, el significado exacto de “egoísmo” es la preocupación por los intereses personales.

Este concepto no incluye una evaluación moral; no nos dice si la preocupación por los propios intereses es buena o mala; tampoco nos dice cuáles son los intereses de las personas. La tarea de la ética es responder estas preguntas.

La ética del altruismo ha creado la imagen del individuo que busca lo suyo atropellando a los demás, para que la gente acepte dos principios inhumanos : 1)Que cualquier preocupación por el interés propio es mala, y 2)Que uno debe renunciar a ese interés por el de otros.

El altruismo declara que cualquier acción tomada para el beneficio de otros es buena, y la tomada para el beneficio propio es mala; por tanto, el único criterio del valor moral es quién es el beneficiario de una acción.

De aquí derivan la inmoralidad, la injusticia, el doble estándar y las contradicciones y conflictos que han caracterizado las relaciones humanas bajo la ética altruista. Un empresario que produce una fortuna y un ganster que roba un banco son considerados igualmente inmorales porque ambos buscan su beneficio egoísta. Un dictador es considerado moral porque busca beneficiar al “pueblo” y no a sí mismo.

Observe lo que este criterio de moralidad hace a la vida del hombre. Lo primero que aprende es que la moralidad es su enemiga; no tiene nada que ganar y todo que perder. Puede esperar que otros se sacrifiquen ocasionalmente por él, como él se sacrifica a regañadientes por otros, pero sabe que todo esto produce resentimiento, pero no placer.

Dado que la naturaleza no ofrece al hombre una forma automática de supervivencia, la doctrina de que la preocupación por el propio interés es mala significa que el deseo de vivir es malo, y que la vida humana es mala. No puede concebirse una doctrina peor que esta.

Si es cierto que lo que yo entiendo por “egoísmo” no es lo que se entiende convencionalmente, entonces esta es una de las principales acusaciones contra el altruismo; esto significa que el altruismo no concibe una persona que se respeta y sostiene a sí misma. Significa que el altruismo entiende a los hombres como animales sacrificiales, como víctimas o parásitos.

Por esto es que mucha gente vive entre el cinismo y la culpa. Cinismo, porque no aceptan la moralidad altruista. Culpa, porque no se atreven a rechazarla. Para rebelarse contra este mal, hay que hacerlo contra su premisa básica. Hay que redimir el concepto de “egoísmo”.

La ética objetivista sostiene que el actor debe ser siempre el beneficiario de su acción y que debe actuar por su propio interés racional. Pero su derecho a actuar así deriva de su naturaleza como persona y de la función de los valores morales en la vida humana.

No es una licencia para hacer lo que le dé la gana y no justifica la acción de alguien motivado por emociones, sentimientos o deseos irracionales. Esta es una llamada de atención a ciertos “egoístas nietzscheanos” que creen que cualquier acción, de cualquier naturaleza, es buena sí se hace por el propio beneficio.

Un error parecido es el de quienes dicen que, dado que el hombre debe guiarse por su propio juicio independiente, cualquier acción que elija es moral. El juicio independiente es el medio por el que uno elige una acción, pero no es un criterio moral.

     (Ayn Rand, “The virtue of selfishness”. Vía AM).

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